BELLER A DORIA MEDINA: “NO DENUNCIÉS, SAMUEL. NO DENUNCIÉS”

Samuel Doria Medina entrevistado por Maggy Talvera en “Periodismo sin Photoshop”, señaló – basándose en fuentes confiables- que el gobierno de Rodrigo Paz Pereira tiene acuerdos con grupos de narcotraficantes en el Beni: “Una senadora del Beni nos informó que en el gobierno del MAS se cobraba 50 mil dólares por cada avioneta que salía con 500 kilos de cocaína. Y como es nuestro país tan chico y todos se enteran de todo, (nos enteramos que) este Gobierno había negociado subir esa tarifa a 70 u 80 mil dólares”.

La declaración no tardó en generar reacción en esferas gubernamentales. El viceministro de Lucha Integral contra el Narcotráfico, Dorian Badani le pidió al líder de UNIDAD que “sepa rendir cuentas y pueda decir realmente de quiénes se trata».

Sin embargo, la reacción de Nadia Beller suena diferente a las otras por el estilo sui géneris. Le pide a Samuel Doria Medina “no denunciés” (sic), caso contrario, tendrá que atenerse a las consecuencias.

EL PEDIDO DE BELLER

“No denunciés, Samuel. No denunciés”.

‘No porque esté bien callar, sino porque en este gobierno denunciar la corrupción puede convertirse en el comienzo de una persecución contra quien se atreve a hablar.

No denunciés, Samuel, porque podés pasar de denunciante a denunciado. De cuestionar al poder a tener que defenderte de quienes deberían investigar. Y vos sabés que la UIF ya te estaba armando algo, simplemente porque te apartaste del Gobierno.

No denunciés, Samuel, porque podés pasar de vivir tu vida libre a vivir custodiado por policías, pendiente de abogados y obligado a gastar tiempo, dinero y energía en defenderte hasta de los sicarios mediáticos que no respetan que tengas un día de paz y no respetaran ni tu enfermedad, mientras los verdaderos responsables siguen tranquilos.

No denunciés, Samuel, porque ya empezaron a atacarte. Van a decir que estás despechado porque no ganaste la elección, que hablás porque no recibiste tu tajada o que estás molesto porque te quitaron al gerente de BoA. Ya lo están diciendo, ya la viste a su mercenaria comunicacional paceña en ello. Van a utilizar sus redes, sus comunicadores y sus operadores para desacreditarte, desviar la atención y convertirte a vos en el problema.

No denunciés, Samuel, porque esos tránsfugas de tu propio partido, entrenados bajo la influencia de Fernando Cerimedo, van a ser los primeros en darte palo.

No denunciés, Samuel, porque acá parece que el que habla tiene que demostrar su inocencia por no haber hablado antes, pese a que la ley no te obliga a denunciar, mientras los que deberían dar explicaciones se esconden detrás del poder.

No denunciés, Samuel, porque existe una Fiscalía que debería actuar de oficio ante una denuncia de semejante gravedad. Pero no: esperan que seas vos quien dé el paso, quien ponga la cara y quien se exponga, para después hacerte cargar con las consecuencias y, de todos modos, no investigarán nada. Te lo digo yo, que lo estoy viviendo.

No denunciés, Samuel, porque ahí está el audio en el que se escucha a Fernando Cerimedo negociar 15.000 dólares con Yali por avioneta, y hasta ahora no se ha aprehendido a nadie, no se ha investigado nada. No denunciés, Samuel, porque cuando alguien se atreve a hablar, aparecen los ataques, las descalificaciones y las campañas para destruir su credibilidad.

No denunciés, Samuel, porque cuando los intereses del poder se cruzan con los del crimen organizado, hablar puede ser peligroso. Y el Estado, que debería proteger a quien denuncia, termina dejándolo expuesto.

Sé que vos sí tenés recursos para contratar abogados y defenderte. Pero ni siquiera el dinero te devuelve la tranquilidad, la libertad de vivir sin miedo ni el tiempo que te obligan a perder defendiéndote de una maquinaria que debería estar ocupada investigando a los denunciados.

No hablés, Samuel. Ese es el mensaje perverso que termina transmitiendo un Gobierno cuando permite que denunciar sea más peligroso que delinquir.

Y esa es, precisamente, la tragedia: que el miedo a las represalias termine imponiéndose sobre el deber de decir la verdad, mientras quienes deberían garantizar justicia se convierten en parte del problema.

Cuando el poder protege a los suyos, a sus narcooperadores, y persigue a quienes hablan, el silencio deja de ser una elección y se convierte en una imposición.

No hablés, Samuel. Es una trampa’.