EL GOLPE QUE INAUGURÓ LA DICTADURA DE BANZER BAJO LA DOCTRINA DE SEGURIDAD NACIONAL

Hace 55 años, una conspiración cívico-militar derrocó al gobierno revolucionario del general Juan José Torres, puso fin a la Asamblea Popular y frenó violentamente el proceso revolucionario con la radicalización social y política que vivía Bolivia. El golpe de Hugo Banzer Suárez formó parte de la Doctrina de Seguridad Nacional, implementada por Estados Unidos para contener el avance de las izquierdas en América Latina.

ANTECEDENTES

Tras la muerte de René Barrientos, el 27 de abril de 1969, Bolivia experimentó un giro nacionalista con el gobierno del general Alfredo Ovando, que nacionalizó la Gulf Oil, impulsó la fundición de minerales, promovió la desmilitarización de los centros mineros y adoptó otras medidas de carácter antiimperialista.

El 7 de octubre de 1970, el general Juan José Torres asumió el poder después de un levantamiento militar y popular que contó con el respaldo de la Central Obrera Boliviana (COB), organizaciones campesinas, universitarios y sectores militares. Su gobierno profundizó el proceso de transformación. Expulsó al Cuerpo de Paz, nacionalizó la Mina Matilde y las colas y desmontes de Catavi, decretó la reposición salarial de los trabajadores mineros y promovió la Asamblea Popular, convocada por la Central Obrera Boliviana, como un nuevo espacio de poder político y social de obreros, campesinos, estudiantes y sectores populares.

LA ASAMBLEA POPULAR: EL DEBATE ENTRE CONGRESO CONSTITUYENTE Y SOVIET

Uno de los debates decisivos de aquel proceso fue qué hacer ante la ausencia de un Congreso en funciones: convocar a una Asamblea Constituyente o avanzar hacia una estructura de poder popular similar al soviet. La segunda posición terminó imponiéndose dando lugar a la instalación de la Asamblea Popular.

Creada el 1 de mayo de 1971 e instalada el 22 de junio, la Asamblea se proclamó órgano de poder de las masas y del proletariado y planteó explícitamente la construcción de una dualidad de poderes. En los hechos, pasó a funcionar en sustitución del Congreso Nacional, aunque no legal ni constitucionalmente: su legitimidad provenía del movimiento obrero y popular y no de la institucionalidad del Estado. Esa decisión cambió cualitativamente el escenario político. Ya no se trataba solamente de apoyar al gobierno de Juan José Torres, sino de disputar el poder para definir el futuro del Estado boliviano.

INJERENCIA DE ESTADOS UNIDOS

Eso alarmó a Washington. La posibilidad de que Bolivia avanzara hacia un gobierno obrero y popular, en plena Guerra Fría y después del triunfo de la Unidad Popular en Chile, convirtió a la Asamblea Popular en una señal de alarma para Estados Unidos y las fuerzas conservadoras de Bolivia. La prensa de la época llegó a presentar a Bolivia como el escenario del “primer soviet del continente”, mientras los aparatos de inteligencia de Estados Unidos y otros gobiernos sudamericanos seguían con creciente interés y preocupación el proceso.

Documentos desclasificados del Gobierno de Estados Unidos demuestran que en 1971 la Casa Blanca y la CIA impulsaron un programa de acción política para contener el giro izquierdista de Bolivia, con financiamiento encubierto al MNR y a sectores militares opositores. Incluso se transfirieron fondos a figuras vinculadas a la conspiración golpista. El objetivo era impedir que Bolivia se convirtiera en otro foco de influencia de la izquierda latinoamericana.

CRONOLOGÍA DEL GOLPE FASCISTA

El coronel Hugo Banzer Suárez, que había protagonizado un intento golpista contra Torres en enero de 1971 y se encontraba exiliado en Argentina, ingresó clandestinamente a Bolivia el 18 de agosto, liderando un levantamiento en Santa Cruz que se extendió rápidamente a otros departamentos. El Frente Popular Nacionalista (FPN), integrado por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y la Falange Socialista Boliviana (FSB), se convirtió en el soporte civil de la conspiración militar.

El 19 de agosto Banzer fue detenido en Santa Cruz y trasladado a La Paz, pero la rebelión continuó, al mando del Cnl. Andrés Selich y proclamaron a Banzer como jefe del movimiento.

El 21 de agosto, el Regimiento Blindado 2 «Tarapacá» se suma al golpe. Fue la fuerza militar decisiva en la sede de Gobierno. Sus tanques y vehículos blindados salieron a las calles y ocuparon posiciones estratégicas en la ciudad de La Paz, desbaratando la resistencia de obreros, universitarios y del Regimiento Colorados de Bolivia (que permaneció leal al Gral. Torres hasta el final). El Colegio Militar del Ejército (Colmil), se plegó activamente a las fuerzas golpistas, proveyendo personal y control táctico en puntos clave de la ciudad.

21 de agosto. Batalla de Laikakota. La Paz se convirtió en el principal escenario de la resistencia. Obreros, estudiantes y civiles salieron a las calles para defender al gobierno de Torres. La resistencia se concentró especialmente en las zonas fabriles, la Universidad Mayor de San Andrés, Miraflores y el cerro Laikakota, donde se libraron intensos combates con el ejército. Trabajadores, estudiantes y civiles resistieron a las fuerzas golpistas, mientras el Regimiento Colorados de Bolivia, comandado por el mayor Rubén Sánchez, permaneció leal al presidente Torres y constituyó uno de los últimos bastiones militares de la defensa gubernamental.

Entre quienes participaron de la resistencia estuvieron dirigentes políticos, sindicales, universitarios, miembros del Ejército de Liberación Nacional y militantes de izquierda, entre ellos Juan Lechín Oquendo, Marcelo Quiroga Santa Cruz y Miguel Alandia Pantoja, junto a numerosos trabajadores y estudiantes anónimos que ofrendaron su vida. La resistencia popular fue finalmente derrotada por la superioridad militar de los golpistas y por el progresivo alineamiento de las Fuerzas Armadas con Banzer.

Mauricio Lefebvre, el cura que murió junto al pueblo. En medio de la violencia, Mauricio Lefebvre Beaudry, sacerdote oblato, sociólogo, docente y fundador de la carrera de Sociología de la UMSA, cayó acribillado el 21 de agosto cuando se dirigía a socorrer a personas heridas durante los enfrentamientos. Su asesinato lo convirtió en uno de los símbolos de la Iglesia comprometida con los sectores populares y de la resistencia frente a la dictadura.

El asalto a la UMSA. La Universidad Mayor de San Andrés se convirtió en uno de los últimos bastiones de resistencia civil y estudiantil. El 21 y 22 de agosto, las fuerzas golpistas cercaron el Monoblock y atacaron la universidad con tropas, tanques y fuego de ametralladoras. La resistencia universitaria fue finalmente aplastada. Catedráticos y estudiantes estuvieron entre las víctimas de aquella jornada. El informe oficial de la investigación de memoria histórica de la Comisión de la Verdad corrobora la concentración de la resistencia en la UMSA y el cerro Laikakota, así como el bombardeo del cerro y el ametrallamiento del edificio universitario.

SE INSTAURA LA DICTADURA DE LA DOCTRINA DE SEGURIDAD NACIONAL

El 21 de agosto, derrotada la resistencia popular, el general Juan José Torres abandonó el Palacio de Gobierno, a las 20:45 horas, escoltado por tres soldados del regimiento Colorados de Bolivia y dos civiles y partió al exilio.

El 22 de agosto Banzer organizó su primer gabinete, distribuyendo las carteras de Estado entre militares, el MNR y la FSB. El Decreto Supremo N.º 9861 registra, entre otros, a Mario Gutiérrez en Relaciones Exteriores, Andrés Selich en Interior, Ciro Humboldt en Trabajo, Raúl Lema en Finanzas, Augusto Mendizábal en Educación, Carlos Serrate en Minas y Metalurgia y Jaime Florentino Mendieta en Defensa. Así quedó formalizada la alianza cívico-militar que había hecho posible el golpe.

Resulta históricamente significativo que el MNR y la FSB, enemigos encarnizados desde la Revolución Nacional de 1952, terminaran unidos por el temor al avance de la izquierda, la fuerza del movimiento obrero y la radicalización de la Asamblea Popular. La alianza tripartita entre Fuerzas Armadas, MNR y FSB se convirtió en el soporte político del nuevo régimen.

El régimen de Banzer inauguró una dictadura que se prolongaría durante casi siete años.

La Doctrina de Seguridad Nacional identificó a los trabajadores, sindicatos, estudiantes, militantes de izquierda y opositores político como “el Enemigo Interno”, objetivo de la represión fascista8.

La dictadura clausuró las actividades políticas de la izquierda, persiguió a dirigentes sindicales y universitarios, asesinó, encarceló, torturó, confinó y exilió a miles de bolivianos. La dictadura no tardaría en perseguir a docentes, estudiantes e intelectuales.

La represión alcanzaría su expresión más brutal en las masacres de Tolata y Epizana de 1974, en la persecución de los centros mineros y, posteriormente, en la participación de Bolivia en la coordinación represiva internacional conocida como Plan Cóndor, instruyendo el asesinato del Gral. Juan José Torres, el 2 de junio de 1976 en Argentina.

La documentación estadounidense muestra, además, que Washington consideró el triunfo de Banzer favorable a sus intereses y actuó rápidamente para reconocer y apoyar a su gobierno.

El 21 de agosto de 1971 no fue solamente la caída de un gobierno. Fue la derrota violenta de un proceso de liberación nacional, en el que obreros, mineros, campesinos, estudiantes, universitarios, intelectuales y sectores populares intentaban disputar el control del Estado y construir una sociedad diferente.

Recordar a Juan José Torres, Mauricio Lefebvre, Marcelo Quiroga Santa Cruz, a los combatientes de Laikakota, a los estudiantes y trabajadores caídos y a todos quienes resistieron no significa mirar hacia el pasado con nostalgia. Significa defender el derecho de Bolivia a conocer su propia historia. Un pueblo que olvida cómo llegó la dictadura queda indefenso ante quienes pretenden volver a presentarla como salvación. (TEXTO Y FOTOS: Luis Oporto Ordóñez).