
LA DEUDA DE SALVAGUARDAR UN PATRIMONIO VIVO
La inscripción de la Festividad de Ch’utillos (San Bartolomé y San Ignacio de Loyola) en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, en diciembre de 2023, constituyó uno de los mayores reconocimientos internacionales alcanzados por el patrimonio cultural de Potosí. La UNESCO no declaró únicamente una celebración religiosa ni una entrada folclórica; reconoció un complejo sistema de prácticas donde convergen peregrinaciones, rituales, música, gastronomía, organización comunitaria y conocimientos transmitidos entre generaciones (UNESCO, 2023).
Sin embargo, tres años después del reconocimiento internacional, surge una pregunta inevitable: ¿está siendo salvaguardado todo aquello que la UNESCO declaró patrimonio?
La respuesta merece una reflexión crítica, la mayor visibilidad institucional continúa concentrándose en la Entrada Autóctona y Folclórica, mientras otros componentes igualmente reconocidos por el expediente de nominación permanecen con menor presencia dentro de las acciones públicas de salvaguardia. Más que una crítica circunstancial, este artículo propone revisar la distancia existente entre el alcance del reconocimiento internacional y las prioridades visibles de su implementación local.

Un patrimonio mucho más amplio que una entrada
Uno de los mayores aportes del expediente presentado ante la UNESCO fue demostrar que Ch’utillos constituye un patrimonio vivo compuesto por múltiples dimensiones inseparables. Entre ellas destacan la peregrinación al santuario de Mullu Punku (La Puerta), las ceremonias religiosas dedicadas a San Bartolomé y San Ignacio de Loyola, las ofrendas a la Pachamama, las prácticas comunitarias de reciprocidad, la música autóctona, la gastronomía tradicional y la participación intergeneracional de niños, jóvenes y adultos (UNESCO, 2023).
Precisamente esa diversidad fue uno de los argumentos que permitió su inscripción como “encuentro de culturas”.
Sin embargo, la percepción pública de la festividad parece haberse reducido progresivamente a su expresión más visible: la entrada que se celebra en la ciudad de Potosí. Si bien este evento constituye uno de los momentos más importantes de la celebración, no representa por sí solo el conjunto del patrimonio reconocido internacionalmente.
Walter Zabala Ayllón (2008) demostró que Ch’utillos comprende una secuencia de actividades culturales articuladas alrededor del santuario y de las comunidades que históricamente sostuvieron la celebración. Del mismo modo, Mario Chacón Torrez (1995) documentó la profundidad histórica de las prácticas desarrolladas en Mullu Punku mucho antes de que la festividad adquiriera su configuración contemporánea.

Cuando el patrimonio se vuelve espectáculo
La tensión entre patrimonio y turismo no constituye un fenómeno exclusivo de Potosí. Néstor García Canclini (1999) explicó que numerosos bienes culturales corren el riesgo de ser reinterpretados prioritariamente como productos de consumo cuando las políticas públicas privilegian su dimensión espectacular por encima de sus significados sociales.
Algo semejante puede observarse en Ch’utillos, la Entrada concentra atención mediática, inversión logística y promoción turística. Mientras tanto, prácticas igualmente esenciales como la bajada al santuario, los rituales desarrollados en San Antonio, las formas tradicionales de organización de los pasantes, la elaboración de la gastronomía típica, la confección de trajes para danzas o la transmisión oral de conocimientos, poseen una presencia mucho menor dentro del discurso público sobre la salvaguardia.
Pascale Absi (2005), al estudiar las prácticas rituales vinculadas a la cultura muestra que el valor del patrimonio reside precisamente en las relaciones sociales que sostienen las ceremonias. Cuando esas relaciones dejan de ocupar un lugar central, el riesgo no es únicamente perder costumbres: también se debilitan las formas comunitarias que les daban sentido.

La salvaguardia exige participación comunitaria
La propia Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial establece un principio fundamental: las comunidades portadoras deben participar activamente en la gestión y protección de su patrimonio (UNESCO, 2003, art. 15).
Este principio adquiere especial relevancia en Ch’utillos, las comunidades vinculadas al santuario de San Bartolomé, los pasantes, los músicos tradicionales, los artesanos y quienes mantienen viva la organización comunitaria no constituyen actores secundarios; son precisamente los portadores del patrimonio reconocido por la UNESCO.
En consecuencia, la salvaguardia no puede limitarse a la organización de eventos masivos. También requiere investigación permanente, documentación audiovisual, fortalecimiento de las tradiciones orales, programas educativos y mecanismos de participación que permitan incorporar a quienes sostienen cotidianamente la festividad.
La educación representa otro desafío pendiente. Si la transmisión intergeneracional constituye uno de los pilares del patrimonio inmaterial, resulta necesario que las nuevas generaciones conozcan no solamente las coreografías de la entrada, sino también el significado histórico del santuario, la lógica de los pasantes, las prácticas de reciprocidad y la memoria de las comunidades que dieron origen a la celebración.
Salvaguardar también es recordar
La antropóloga Laurajane Smith (2006) sostiene que el patrimonio no existe únicamente porque una institución lo declare, sino porque las comunidades continúan otorgándole significado mediante sus prácticas, esa reflexión resulta especialmente pertinente para Ch’utillos.
El reconocimiento internacional de 2023, abrió una oportunidad extraordinaria para fortalecer todos los componentes de la festividad. Sin embargo, ese desafío continúa vigente. La salvaguardia será verdaderamente coherente cuando la peregrinación a Mullu Punku, las ceremonias comunitarias, la música autóctona, las tradiciones gastronómicas, los pasantes y las prácticas transmitidas de generación en generación reciban la misma atención que la entrada de Ch’utillos.
Porque la UNESCO no declaró únicamente a la entrada, declaró un conjunto de elementos culturales donde el camino hacia La Puerta, los rituales compartidos, las voces de las comunidades y la memoria colectiva forman parte inseparable del patrimonio de Potosí. (Ivert Elvis Fuertes Callapino/es socio de número de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí – SIHP).



