SI EVO FUE A SUDÁFRICA, ¿POR QUÉ RODRIGO NO PUEDE IR A BOCA RATÓN?

La pregunta puede parecer provocadora, pero en realidad recoge la propia lógica planteada por el presidente Rodrigo Paz Pereira cuando fue consultado por la escala del FAB-002 en Boca Ratón. El problema no está en comparar dos viajes presidenciales separados por 16 años, sino en determinar qué significa aquello que el propio mandatario denomina “lo correcto”.

Paz defendió su viaje a Estados Unidos asegurando que los aviones oficiales son “instrumentos de trabajo” y que su desplazamiento permitió gestionar recursos por unos 10.000 millones de dólares para Bolivia. También afirmó que, a diferencia de Evo Morales, él no utiliza el avión presidencial para asistir a un partido de fútbol.

Pero ahí aparece la primera diferencia que conviene hacer: una cosa es justificar el propósito general de un viaje y otra explicar cada tramo del itinerario de una aeronave estatal.

Los registros de seguimiento aéreo muestran que el FAB-002 salió de Teterboro, Nueva Jersey, la noche del 24 de septiembre y llegó a Boca Ratón. Allí permaneció hasta el 27, cuando partió rumbo a Panamá. La Presidencia no había proporcionado inicialmente una explicación detallada sobre quiénes utilizaron la aeronave, la agenda desarrollada en Florida ni las razones de esa permanencia.

Posteriormente, Paz sostuvo que la elección de aeropuertos responde a decisiones técnicas y negó que la escala obedeciera a razones personales. Esa explicación es relevante, pero deja abierta una pregunta periodística elemental: ¿Qué actividad oficial concreta justificó que el avión permaneciera tres días en Boca Ratón?

Más aún cuando aparece una segunda cuestión cronológica.

El mandatario señaló que parte de los acuerdos de URUPABOL se habría cerrado posteriormente. Sin embargo, existen registros oficiales de Uruguay y publicaciones bolivianas que ubican la reunión de los presidentes de Bolivia, Paraguay y Uruguay el 23 de septiembre en Nueva York. Incluso Paz había informado públicamente ese mismo día sobre la reunión.

Eso no demuestra que no hubiera otras gestiones posteriores. Pero sí permite formular una pregunta legítima: si URUPABOL ya había sido abordado oficialmente en Nueva York, ¿qué actividad específica desarrollada después justificó la escala en Florida?

Y aquí aparece Evo Morales.

Es cierto que Morales viajó a Sudáfrica en 2010 para participar en la inauguración del Mundial. También es cierto que justificó entonces su presencia señalando que aprovecharía la concentración de mandatarios para sostener reuniones bilaterales.

Por tanto, presentar aquel viaje exclusivamente como “irse a ver un partido” simplifica una historia que tuvo también una explicación oficial de carácter diplomático.

Paz formula una pregunta que merece ser tomada en serio: “¿Por qué los bolivianos no podemos retomar la lógica de qué es lo correcto?”

Precisamente por eso corresponde devolverle la pregunta al Presidente: ¿qué entiende su Gobierno por correcto?

¿Lo correcto es que un mandatario gestione financiamiento internacional? Evidentemente, esa es una función presidencial. ¿Lo correcto es utilizar una aeronave estatal para cumplir una agenda oficial? También. Pero, bajo esa misma lógica, lo correcto debería incluir explicar con precisión cada desplazamiento cuando existen dudas sobre el uso de bienes públicos.

El debate, entonces, no debería reducirse a Evo contra Rodrigo, ni a Sudáfrica contra Boca Ratón. La verdadera vara para medir “lo correcto” debería ser la misma para todos los presidentes: explicar, transparentar y rendir cuentas.

Porque si un viaje oficial fue para cerrar acuerdos, la mejor defensa no debería ser comparar al Presidente actual con el anterior. Debería ser mucho más sencilla: mostrar qué se hizo, dónde se hizo y por qué fue necesario hacerlo allí.