LA TRAGEDIA SILENCIÓ LAS VOCES DE KARUMANTA, PERO NO SU MÚSICA

Cuando concluía la actuación y los instrumentos comenzaban a guardarse para protegerlos durante el resto de la gira, nadie podía imaginar que aquella sería una de las últimas veces que varios integrantes de Karumanta compartirían un escenario. La música había cumplido su cometido: reunir emociones, despertar sentimientos y acercar a los artistas con su público. Sin embargo, en el camino de retorno, la tragedia se interpuso en sus vidas.

Al salir de Avicaya en el departamento de Oruro rumbo a Cochabamba, el vehículo en el que viajaba la agrupación colisionó con un camión. El impacto convirtió el trayecto en una pesadilla y dejó una herida irreparable en el mundo musical: cinco de sus integrantes perdieron la vida.

Pedro Tarquino, Jeferson Tarquino, Reynaldo Álvarez, Daniel Chambi y Edwin Flores son los nombres que hoy se pronuncian con dolor. Detrás de cada uno había una historia, una familia, sueños por cumplir y una pasión compartida por la música. No eran solamente integrantes de un grupo; eran seres humanos que habían hecho de su talento y de su trabajo una forma de vida.

Karumanta se encaminaba a celebrar sus 20 años de trayectoria artística. La gira tenía nuevos escenarios y compromisos por delante, entre ellos una presentación en Argentina prevista del 6 al 8 de noviembre. Había planes, proyectos y canciones por interpretar. La tragedia cambió ese horizonte de manera abrupta.

Mientras se aguarda el esclarecimiento de las circunstancias del accidente, el único sobreviviente permanece en una situación delicada, luchando por su vida. Sus familiares y amigos enfrentan horas de angustia, aferrados a la esperanza de que puedan superar este difícil momento.

Ninguna palabra puede borrar lo ocurrido ni reparar semejante pérdida, pero el acompañamiento puede ayudar a sostener a quienes atraviesan este duelo.

La tragedia vuelve a poner sobre la mesa una preocupación que Bolivia no puede ignorar: la seguridad en sus carreteras y la necesidad de esclarecer cada accidente para establecer responsabilidades y evitar nuevas pérdidas.

Hoy, Karumanta guarda un silencio que nadie habría querido escuchar. Pero las voces de Pedro, Jeferson, Reynaldo, Daniel y Edwin no quedarán reducidas al recuerdo de una tragedia. Permanecerán en sus canciones, en los escenarios que compartieron y en el corazón de quienes encontraron en su música una razón para celebrar la vida.

Porque los accidentes pueden interrumpir una trayectoria, pero no tienen por qué borrar una historia. Karumanta deja un legado musical que merece ser recordado con respeto, gratitud y amor.